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Muy buenos días.
Agradezco profundamente la oportunidad que me brinda la Fundación Luis Muñoz Marín para ocupar por unos breves instantes esta honrosa tribuna de nuestra herencia histórica, donde hoy se rinde tributo a una de sus insignes figuras, el prócer Luis Muñoz Rivera.
Este año se cumplen 124 años de los inicios de Muñoz Rivera en la política del país. Aquellos que le conocemos a través de la escuela, de los libros, de su mensaje y prolífica obra literaria, encontramos muchas similitudes entre sus luchas y las vivencias que hoy se manifiestan en nuestra sociedad.
Al hacer patria a través de la poesía, Muñoz Rivera vio la política como instrumento de acción para llevar a la realidad sus nobles ideales frente al sistema colonial de la época. Aunque muchas de sus más innovadoras ideas enfrentaron entonces barreras limitantes, hoy una de esas huellas - un mayor grado de gobierno propio a través de la autonomía - cobra fuerza y vigencia política en la obra inspiradora de su hijo Luis Muñoz Marín.
Cada uno en su tiempo, padre e hijo concibieron el principio autonómico como la alternativa política con más herramientas y mayor flexibilidad que las otras disponibles en esos instantes para ampliar la participación de los puertorriqueños en los asuntos que afectaban su vida colectiva. A la vez lo percibieron como uno que brindaba las mejores oportunidades de progreso verdadero a nuestro pueblo.
Así forjado en las luchas de Muñoz Rivera y Muñoz Marín, el autonomismo ha venido a constituir esa fuerza del pasado, esa fe del presente y la esperanza del mañana que nos mueve a los puertorriqueños a crecer como pueblo, y a dar forma, fuerza, respetabilidad y dignidad a conceptos nuevos de participación y decisión de la gente en todos los asuntos que le atañen y afectan.
Es precisamente ahí, en una más directa intervención de cada ciudadano en la función de gobernar, donde adquiere sentido de urgencia la ampliación del concepto de autonomía para adecuarlo a la realidad política de nuestros días, a las necesidades de nuestro desarrollo y a unas mayores exigencias de nuestro pueblo.
Esencialmente, el ideal autonomista de nuestros patriotas fue uno encaminado al logro de reformas políticas y administrativas que hicieran indestructible nuestra nación. Hoy lo percibimos como esa misma fuerza que ha encauzado el pensamiento de otros grandes puertorriqueños para adelantar las causas de nuestra tierra en estos complejos tiempos.
Tuve el privilegio de conocer de manera muy especial y cercana a uno de esos distinguidos conciudadanos, cuyo mérito aún por probarse en el duro rigor de la historia fue hacer suyas esas luchas de Muñoz Rivera y Muñoz Marín para transformar, rompiendo barreras, la sociedad que le tocó servir como parte de la misma.
Ese compatriota, y otros contemporáneos suyos, vio en la corriente autonómica esa fértil raíz para el cultivo y desarrollo de un genuino régimen participativo cuya distintiva cualidad consiste en incorporar de manera directa al ciudadano en las decisiones de los asuntos que le afectan, en la acción del Gobierno y en la evaluación del mismo.
Ese conciudadano tocó mi vida como lo haría aquel que sirve de guía y sostén a otra persona. Se trata de mi padre, José Aponte De La Torre, cuyas ejemplares ejecutorias como alcalde de Carolina durante 22 años le llevaron a ir más allá en la manera tradicional de concebir el gobierno, viendo en su dinamización la piedra angular de un cambio radical en la forma de guiar a nuestro pueblo hacia el futuro.
Aponte De La Torre tal vez nunca imaginó que su visión de una nueva estructura gubernamental le valdría, junto a otros contemporáneos, la distinción de patriarca de una verdadera transformación en el gobierno que descansa en una delegación de poderes y competencias a los municipios para que asuman un decisivo protagonismo en su desarrollo social y económico.
Como puertorriqueño moldeado en la fragua del autonomismo muñocista, Aponte De La Torre sostuvo que el gobierno centralizado fue una necesidad de mediados del siglo pasado que le funcionó bien al país por más de dos décadas, porque llevó a trascendentales cambios en todos los órdenes de nuestra vida colectiva.
Decía mi padre que ese mismo centralismo comenzó a generar unos males, producto de su propio gigantismo, para transformarse en un ente burocrático, indiferente, maniatado, de poca eficiencia, sin agilidad e ingobernable, incapaz de resolver los problemas y necesidades de los puertorriqueños, al estar desprovisto de las herramientas adecuadas para enfrentar los mismos.
Fue ese viejo y desgastado sistema de gobierno descrito por Aponte De La Torre, con las negativas proporciones que dominó su acción, lo que provocó una reacción hacia un cambio en la organización gubernamental, surgiendo así el nuevo modelo de descentralización del poder apoyado en la teoría de que son los gobiernos locales los que mejor y más directamente sirven al pueblo por disponer ahora de los recursos económicos, humanos y técnicos para desempeñar las facultades de administrar servicios básicos públicos a las personas que más los necesitan.
Fue esa corriente municipalizadora flexible y cercana al pueblo para dejar atrás las estructuras gerenciales tradicionales, por la que luchó Aponte De La Torre con apasionado fervor. Igualmente fervorosa fue su última gran batalla política, elevar la autonomía municipal a rango constitucional para asegurar el más absoluto respeto a sus principios y a los derechos que asisten a quienes la abrazan.
Acogiendo el llamado de mi conciencia y respondiendo al generoso reclamo de muchos que amaron a mi padre, he recogido su bandera de lucha para llevarla a puerto seguro.
Junto a los demás compañeros alcaldes me toca ahora hacer mi parte, como lo hizo mi padre en su día, para avanzar en el logro de unos mayores poderes autonómicos, reconocidos constitucionalmente, que permitan dar solidez a esa transformación pacífica autonomista de Muñoz Rivera y Muñoz Marín en nuestros territorios municipales.
Como puertorriqueño, ciudadano y alcalde, creo que la visión autonomista de la municipalización es la herramienta más poderosa que tiene la sociedad para dar mayor dirección a nuestra democracia. Es la mejor ruta que tiene la isla para lidiar con sus complejidades y con aquellas transformaciones en la economía mundial que impactan dramáticamente nuestro desarrollo.
Durante más de veinte años, Carolina ha descansado fundamentalmente en el desarrollo paulatino de un modelo de gobernabilidad dulce y reposado para entender a su gente, a la vez que valiente para sobreponerse a todo aquello que atente contra su ganada autonomía y se interponga en su libre caminar.
Carolina es como su mar, donde cada ola contribuye a construir su playa. Todo logro va dirigido a encaminar la municipalización para que encuentre su plena realización y mayor fortaleza en el pleno ejercicio de los valores que han hecho grande a nuestra gente a través de los años.
Estoy hablando del valor de la tolerancia, de la honestidad, de la hermandad, del orgullo de nuestra cultura y de nuestra identidad. Estoy hablando de la voluntad de trabajo y de superación, y de la confianza de nuestro pueblo en sí mismo.
Me propongo en mi Administración ganar terreno para dar protagonismo real a los carolinenses en la configuración de su propio destino. Me propongo además hacer de Carolina modelo de descentralización municipal que sirva para orientar ese diseño en otros municipios que, por sus razones particulares, no han podido experimentar un ritmo de desarrollo similar al nuestro.
La descentralización no descansa únicamente en la municipalización. También cobra vida en la regionalización, que consiste en un enfoque estratégico de gobierno para lograr el progreso equilibrado de Puerto Rico a través de una organización descentralizada de programas y servicios que atienda las particularidades de cada región en cuanto a sus necesidades, sus características y su potencial de desarrollo.
En este esfuerzo regional, dirigiré mis iniciativas a dar un impulso a Carolina como dínamo que imprima energía a todas aquellas actividades públicas y privadas enfocadas en adelantar el desarrollo económico de la zona oriental, a la que pertenece nuestra Tierra de Gigantes.
Esa empresa descentralizadora con la que estoy comprometido está dando buenos resultados en mi ciudad. Ya impacta el campo la apertura de un centro municipal de servicios múltiples en el Barrio Barrazas, que acerca los diversos ofrecimientos del gobierno local a los residentes de la ruralía.
Próximamente, en diciembre de este año, habremos de inaugurar el Centro de Servicios Municipales en Isla Verde, que integra las tareas del gobierno municipal a las necesidades de aquellos que residen, hacen negocios o visitan este importante sector turístico del país.
En la regionalización, Carolina viene asumiendo una creciente responsabilidad protagónica como integrante de INTENE, un novedoso experimento que agrupa a los diez municipios de la región, la empresa privada y el mundo de la academia, para respaldar la inserción de la región y de Puerto Rico en el escenario de la globalización a través de la innovación, la tecnología, la capacitación de sus recursos humanos, y la creación de empresas y de capital regional.
Así, pues, consagrar la autonomía municipal y apoyar la regionalización como un componente esencial de la descentralización, son dos principios de buen gobierno que marcan mi compromiso con la agenda inconclusa de José Aponte De La Torre con su amada Carolina y su entrañable Puerto Rico.
Quiero terminar mi reflexión en este altar de la patria afirmando que voy a sembrar en Carolina esas mismas semillas que dieron ricos frutos en la vida y obra de Muñoz Rivera y Muñoz Marín, y que gallardamente recogió mi padre como legado de bien a su pueblo con la firmeza de un corazón convencido.
Muchas gracias.
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