|
Mensaje de la doctora Ana María García Blanco en
conmemoración del 109° aniversario del natalicio de
Luis Muñoz Marín en Fajardo
Lunes 19 de febrero de 2007
La paz es posible
Gracias a la Fundación Luis Muñoz Marín por invitarme a estar con ustedes en la mañana de hoy: es un privilegio y un reto llevar a cabo la tarea que me han encomendado: dialogar con el país sobre la escuela. Converso con el país todos los días de mi vida; convivo con sus hijos: los niños, los jóvenes, sus familiares y sus maestros. En mesas pequeñas de diálogo aprendo mucho sobre lo que es Puerto Rico hoy, sobre sus fortalezas y sus tareas.
Es con mucha alegría y humildad que vengo hoy aquí a pensar con ustedes sobre el trabajo que hemos llevado a cabo en nuestra comunidad y escuela durante los últimos 40 años; vengo a compartir aquellas cosas que hemos aprendido y que pueden servir a otros de ejemplo, no ya para imitar o copiar; no para decir que nuestra escuela es perfecta o que ha terminado su trabajo; es más bien una invitación a ver, es un ejemplo de lo que es posible cuando una comunidad se une por el bien de sus pequeños.
Nosotros, los que estamos vivos en este momento histórico tenemos una gran oportunidad y un gran deber: Nos toca reconstruir nuestro país.
El trabajo con los niños es uno poderoso que puede lograr grandes cambios y transformaciones sociales; cuando el niño es el horizonte, el ser humano se crece y actúa como debería en una sociedad de altura. Vengo de una historia de comunidad y escuela pequeña; de una experiencia de participación real; de haber construido una escuela, y desde ella reconstruir un pedazo de nuestra sociedad que estaba roto.
Esta historia tiene elementos dignos de reconocer y, entiendo yo, celebrar: nuestra escuela se hizo para el niño; se hizo en colectivo, con muchas mesas redondas; se hizo desde la comunidad; con la gente del barrio.
Tomemos esto por partes: Conversare hoy con ustedes primero sobre nuestra historia; luego hablaremos del niño y su escuela; termino nuestro breve encuentro con las posibilidad: Puerto Rico puede ser un modelo de escuela efectiva para el Caribe y otras partes del mundo. Comunidades de base y proyectos como el nuestro pueden aportar una pedagogía distinta que sea capaz de proponer la paz.
I. Comencemos por la historia:
Juan Domingo es una comunidad pequeña que se hace al margen del Estado, de la historia oficial como muchas otras comunidades. Es hija de los libertos y de los agregados que a principios de siglo se establecen en fincas abandonadas por hacendados que se fueron de la Isla cuando ocurre la invasión Norteamericana. Se nutre de las migraciones del trabajador puertorriqueño: del emigrante del campo a la ciudad y luego a los nuevayores y de regreso a la Isla. En las últimas décadas del siglo XX se nutre de la llegada de nuestro vecinos de Santo Domingo y Saint Kits.
Juan Domino crece y sobrevive a los movimientos de urbanización de la segunda mitad del siglo XX. Se mantiene como una gran familia: con las fortalezas y los problemas de la misma; con las cualidades de las comunidades pequeñas y con las tareas de la pobreza y de la marginación.
Juan Domingo tiene elementos fuertes que hoy día están en peligro de extinción: hay vecinos, los hijos del barrio son de todos; los abuelos están presentes, existe el compadre…. el vecino que da la vida por uno. Mi gran amigo Juan Pablo Adorno, líder de la comunidad de Juan Domingo, un día me explica: “Ana vivir en Juan Domingo es como vivir en una mansión; cada cuarto de la mansión es una casa, una familia.”
El desarrollo urbano se ha llevado el bosque, también ha lacerado barrios como Juan Domingo. La historia de Juan Domingo es una historia de resistencia a gobiernos e intereses económicos que han querido sacarle o imponer soluciones a la comunidad; Juan Domingo es una historia de participación real; de unión de comunión entre distintas personas, con distintas ideologías y religiones, colores y partidos. Es un lugar de encuentro para distintos sectores de nuestra sociedad civil: comunidades adyacentes al barrio se unen a su lucha. Juan Domingo llega al siglo XXI con la fuerza de haber sobrevivido; con la convicción firme que dan las grandes conquistas. Su presencia en nuestro país es ahora distinta: Juan Domingo no esta al margen; esta aportando a la historia, alternativas de vida y escuela.
He tenido el privilegio de ser parte de esta historia. Hace 35 años comencé a trabajar en la comunidad. Asistía con mi madre, mi primera maestra, a las clases de catecismo que ella daba en el barrio. Ella daba la clase mientras yo jugaba con amigos del callejón a ser maestra y a correr lagartijas. Allí en aquellas calles y bajo aquella evangelización sencilla y cercana a la tierra, conocí amigos y amigas que aùn caminan conmigo.
Allí en esas calles encontramos el sueno de la Nueva Escuela: mientras crecimos fuimos viendo que la escuela del barrio no servìa; los niños y niñas que venían a las clases de catecismo no sabían leer ni escribir; no pensaban mucho en su futuro, no les gustaba la escuela. Muchos la dejaban antes de llegar a sexto grado de la escuela elemental.
Allí nació un grupo de gente que luego organizó a la comunidad para tomar la escuela durante los veranos. Nacía así una escuela distinta en el barrio. Los niños venían con ganas, los menos niños que éramos nosotros, fuimos haciendo nuestra “pedagogía” en la marcha. De estos veranos intensos, de este grupo de jóvenes y adultos, nació el movimiento de la nueva escuela.
Este movimiento resiste al gobierno en 1987 cuando cerraron la escuela. La comunidad no podía permitir esto. Tras tres años de ardua lucha, de mucho trabajo de casa en casa, de diálogos extensos con la gente …..logramos abrir la escuela Juan Ponce de León, conocida por los niños como la Nueva Escuela. Allí en 1990 frente al portón hicimos una promesa de conseguir los mejores maestros para nuestros niños y de implantar el mejor currículo. Llevamos a la escuela las herramientas de nuestra practica en la comunidad: el trabajo colectivo, el niño como horizonte; el bien común como meta; la constante reflexión sobre la práctica.
Diez y siete años más tarde tenemos una escuela modelo, la primera escuela publica Montessori del país, la primera en tener el proyecto de inclusión --En donde todos los niños de Educación especial participan con éxito de la corriente regular. La nueva escuela no tiene “desertores escolares”, ha erradicado el creciente analfabetismo que existía en la comunidad, no hay droga, no hay gangas, ni violencia. La Nueva Escuela es una buena escuela; es una escuela en donde existe la paz.
En mayo de 2006 cuando el gobierno cerró temporeramente, la comunidad escolar en pleno decidió no cerrar sus puertas. Como eliminar la casa del nuestros niños? Cuando llegué a trabajar el día que anunciaron el cierre….me esperaban tres asambleas: los niños, los maestros y los padres. Todos hablan de mantener abierta la escuela, de aportar al conflicto existente, de encontrar una alternativa. Toda la comunidad escolar optó ese día por el bien del niño, por el bien común. Fue hermoso ver como los padres y las madres se movían todos los días para traer almuerzo a los que allí laboramos; sacaron dinero de sus cheques del mes para dar un donativo a los maestros (as) y ayudarles a pagar la gasolina y los gastos; igual los que tienen tiendas de comida se ocuparon de que todos saliéramos con compra el fin de semana; así nació “El Pote de la Dignidad”. Pasaron días ofreciendo su labor voluntaria en los salones y en un comité de seguridad que llevaba camisetas con símbolos de la paz. La crisis en nuestra escuela fue una oportunidad para celebrar el trabajo de muchos años; una oportunidad para celebrar que todos somos hermanos.
En el año 2000, al cumplir 10 años, La Nueva Escuela se fue al campo y en un taller-retiro decidió como familia compartir su proyecto con otras comunidades que nos habían estado llamando. Así nace el proyecto de las Escuelas Hermanas. Padres, maestros, directores de escuelas nos empezamos a reunir cada seis semanas para conversar. Hace 7 años estamos trabajando con 12 escuelas públicas del país. 52 maestras del sistema público y de grupos comunitarios están transformando sus ambientes en lugares más dignos y mejores; 10 de estas escuelasen distintos puntos de la isla: San Juan, Guaynabo, Bayamón, Aibonito, Vieques, Canteras, Cabo Rojo-- han optado por el sistema Montessorihasta ahora conocido sólo en el sector privado. Por primera vez e Puerto Rico estamos ofreciendo la preparación de los maestros(as) Montessori pre-escolar y elemental para maestras del sistema público. Veinte voluntarias de la sociedad civil se nos unen para darnos una mano...; dos fundaciones grandes del paísla Fundación Banco Popular y la Fundación Ángel Ramos, la Universidad del Sagrado Corazón, nos dan la mano: ….la sociedad civil se organiza para ayudar a transformar la Casa del Niñola escuela pública de nuestro país.
Tenemos un nuevo colectivo, una nueva comunidad de aprendizaje. En menos de cinco años de trabajo ya tenemos un grupo de unas quinientas personas comprometidas con la niñez y su escuela.
Si fuera a pintar este proceso de reforma, buscaría a Monet. Buscaría sus pinturas de los estanques en donde aparece un círculo en el agua a causa de algo que cayó ahí, y luego otro círculo y luego otro… Se van multiplicando en silencio los círculos. Está naciendo en nuestro Puerto Rico un movimiento de escuelas públicas por la paz.
Ésta es la historia.
II. Veamos ahora al niño y su escuela: Un país no puede reconstruirse sin sus niños; yo diría más, debe reconstruirse desde ellos.
Pido a cada uno de ustedes que piense por un momento en algún niño que tiene cerca. Mírenle, obsérvenle. Ahí, en esa criatura, yacen muchas de las respuestas que estamos buscando. Decía Hostos: “El niño es la promesa del hombre, el hombre es la esperanza de alguna parte de la humanidad, la escuela tiene por objeto moral la preparación de conciencias.”
La ciencia pedagógica nos confirma hoy lo que nos dijo Hostos un siglo atrás: es durante los primeros 6 años de vida que se establecen los cimientos de ese ser humano que un día estará sentado aquí en una conferencia, o dando clases, o haciendo casas, o asaltando a otras personas; cortando bosques para sembrar cemento sin considerara las consecuencias o sembrando árboles para el futuro….o modelando paz en su comunidad. Estas actitudes se siembran durante los primeros años de vida. Esta vocación nace en la niñez.
La familia y la escuela tienen un poder trascendental: tiene la posibilidad de crear seres humanos saludables y mejores capaces de vivir en solidaridad y comunidad.
Esto nos obliga a preguntarnos: ¿Que tipo de ciudadano queremos? ¿Qué clase de persona necesitamos para reconstruir nuestro país? Y por lo tanto…?qué escuela queremos para nuestra patria?
El país se puede reconstruir desde la escuela; Juan Domingo y la comunidad adyacente se reconstruyeron desde la escuela. Hostos nos habla de este deber: “la escuela en suma, si educa lo que debe y como debe ha de ser con el supremo objeto de educar la conciencia, de formar conciencias de dar a cada patria los patriotas de conciencia y a toda la humanidad los hombres y mujeres que les hacen falta. La escuela debe educar la razón en el amor de la verdad. Educar la voluntad y el sentimiento en el ejercicio de lo bello, bueno y del bien concreto. “
Pensemos, traigamos a nuestra mente las imágenes que tenemos de la escuela que sirve a nuestros hijos y a nuestro país: piensen en la escuela más cercana a ustedes, o en la última escuela pública que vieron en las noticias. Esos son los niños de que hablaba Hostos. Éstos son nuestros hijos. ¿Cómo es su escuela? ¿Es edificante? ¿Es lo que debe ser? ¿Respeta al niño? ¿Promueve su desarrollo? Propone el desarrollo de su conciencia para la verdad y el bien? Propone la paz? ¿Practica la paz? ¿Ejercita lo bello? ¿Son bellas nuestras escuelas?
La casa del niño es la escuela y es allí en donde lleva a cabo la gran tarea de construirse.
Acerquémonos a la escuela de nuestro Puerto Rico. La escuela tradicional ( y de la cual participa la mayoría de nuestros niños) se fundamenta en dos principios básicos: la escuela como fábrica y el niño como tabula rasa, eso es, como ser vacío que hay que llenar con conocimiento.
A mediados del siglo 19 nace la escuela de las masas que aun tenemos hoy. La revolución industrial hace de la fábrica una organización prominente. Esta invade el escenario educativo. Rodean el discurso escolar palabras como: eficiencia, economía, estandarización, clasificación, “screeining”. Nace así una organización conveniente para el adulto y una sociedad radicalmente centrada en el capital, no en la persona. Aparece una escuela en donde hay una sola edad por salón; el maestro se dirige a todos los niños al mismo tiempo; se establece un calendario de lecciones y exámenes correspondientes desde el kinder hasta cuarto año por igual; y el que no siga este ritmo se le penaliza al final de la lección o se premia……En este modelo fracasado los niños se sientan en filas; no miran el rostro de sus compañeros; miran la pizarra y la maestra en su escritorio grande. En la escuela hay periodos lectivos cada 50 minutos de salón o de materia; cambian de materia, no cuando el niño está listo sino cuando la campana suena; la maestra controla el tiempo y el tema y decide cuáles son las preguntas importantes. ¿Qué tipo de conciencia estamos desarrollando allí? ¿Qué tipo de ciudadano? (La Ciencias detrás del Genio, P. Lilliard, 2006)
En esta escuela tradicional que todos hemos visto, es difícil desarrollar intereses y destrezas necesarias que den sentido a la escuela. Una vez se llega a la adolescencia esto se torna difícil; los jóvenes no quieren ir a la escuela; no tienen interés; nunca han tomado una decisión por si mismos;…y entonces nos preguntamos: ¿qué esta pasando con los jóvenes hoy día ¿Qué están haciendo todos esos padres de los niños? ¡Que barbaridad!!! Empezamos a echarnos la culpa unos a los otros.
La tarea de reconstrucción que estamos reconociendo requiere otro tipo de consciencia. El mundo de hoy requiere personas y mentes que puedan imaginarse otra forma de vivir. Necesitamos gente que tenga iniciativa, que tome decisiones, que tenga ganas, capaces de pensar en el otro, de laborar por el bien común. ¿Qué estamos haciendo con nuestro recurso natural principal: el niño? ¿El joven?
Estudiosos del desarrollo humano en los mejores centros de investigación del mundo, saben que esta escuela-fábrica está obsoleta.
Reconocen que los niños de las mismas edades están en diversos momentos de desarrollo y que aprenden de múltiples maneras y tienen distintas fortalezas y necesidades e inteligencias; Nuestros niños y jóvenes vienen de distintas realidades; algunos cargan un dolor humano muy fuerte antes de llegar a los diez paños….y les damos la misma receta educativa que a todos.
La educación tiene que servir a la persona. Debe servir al niño que tiene de frente. La ciencia pedagogía mas avanzada nos habla de humanizar nuestro ambiente para llegar a donde queremos; nos está hablando de regresar a los salones multigrados; escuelas pequeñas en donde el niño pueda establecer relaciones significativas con los adultos; de regresar a los currículos en donde el niño persigue sus preguntas. Reconoce al niño como sujeto de su aprendizaje.
Esta escuela fábrica establece unas relaciones entre los adultos que no son saludables para la tarea que son convocados: patrón y obrero; se invade asi la escuela un discurso que separa a los adultos que estamos criando juntos. Tal vez por eso se nos hace difícil resolver asuntos que ya como país debimos hacer resuelto.
Durante las ultimas décadas hemos visto en la prensa asuntos interesantes sobre la escuela puertorriqueña -- nos habla de la cantidad de niños que se cuelgan en primer grado por que no saben leer ni escribir; el por ciento alto de la llamada deserción escolar que enfrentamos; últimamente nos invade todo el asunto de las pruebas puertorriqueñas estandarizadas y porque en Puerto Rico fracasa un numero cada vez mayor en las mismas…..peleamos por el cambio de sistema de notas, que si sumo o si saco promedio…..Nos echamos la culpa unos a los otros; últimamente está de moda echarle la culpa al liderato educativo de turno de todos y cada uno de estos males.
Tal vez estamos haciendo el ejercicio incorrecto. Las preguntas que no son. Tal vez estamos convocando a las personas equivocadas. Tal vez hemos roto la comunidad en que vivimos y no podemos hablar. Este escenario, cargado de agendas y pugnas ajenas al niño y al deber de la escuela, no nos deja ver y concentrar en el niño; y nos separa del deber de formación que tenemos frente a la generación que sube.
Cual es la pregunta que nos debemos hacer? La pregunta siempre debe ser la misma: ¿que es lo mejor para el niño? Estamos ayudándole y facilitando su gran tarea de construirse? ¿Estamos estimulando su tendencia natural de aprender?
Estamos muy distraídos. La reciente ley federal “No Child Left Behind” reforma multimillonaria propone, que las escuelas que no aprueben las pruebas estandarizadas, serán sancionadas. Esta corriente educativa está diseñada mayormente por políticos, que no están conscientes de la investigación y están muy lejos de la praxis con los niños y las escuelas. El discurso de reforma educativa en Estados Unidos y el cual nos afecta a diario a nosotros, no profundiza en la raíz del problema. (P.Lillard, 2006) Las reformas que proponen los distintos programas federales hacen dos cosas: rompen la comunidad y sólo proponen piezas de lo que podría ser una buena escuela. Separa al maestro del director, al maestro del niño y del padre; a los padres de los niños….. La reforma necesaria tiene que ser total: la cultura y la filosofía educativa de la escuela tiene que cambiar toda; no pedazos de ésta. La reforma tiene que construir comunidad, no destruirla más. La respuesta a una escuela que fracasa no puede ser cerrarla….debe ser movilizar a toda la sociedad que le rodea para que esta funcione para sus niños.
Las escuelas de nuestro país viven en espera de que los “Federales” aprueben o no nuestras propuestas. Veo gente muy capaz dedicando tiempo precioso a pruebas y números y criterios que ellos establecen. Me pregunto… ¿por qué? ¿Por que tenemos que seguir viviendo esclavos de un sistema que ha optado por valores y práctica totalmente opuestos a lo que aquí hemos acordado debe ser la escuela, opuesto radicalmente a nuestra cultura y nuestra fe cristiana.. ¿Como optar por la guerra y luego castigar al niño que resuelve sus conflictos golpeando al compañero? Ésto es una contradicción de conciencia.
En Puerto Rico están surgiendo respuestas interesantes a estas preguntas. En Puerto Rico y en otras partes del mundo, ya existen modelos de trabajo que cuestionan estos dos fundamentos: la fábrica y el niño vacío; modelos que se fundamentan en otra visión de la persona.
Temprano en el siglo 20 surge un nuevo modelo educativo en Europa. Movimiento que se resiste a los movimientos dictatoriales y fascistas que en esos momentos florecían. La doctora Maria Montessori tuvo una visión, se inventó una escuela radicalmente diferente a la que entonces existía, una visión del ser humano distinta, un acercamiento basado en las observaciones cercanas y acertadas del niño. Diseña un currículo basado en su desarrollo, en sus etapas y tendencias. Estudios modernos de la psicología humana sugieren, casi un siglo más tarde, que éste es un sistema que está en armonía con la naturaleza del estudiante, cómo aprende y cómo se desarrolla, mucho más que el llamado sistema tradicional. (P.Lillard)
Juan Domingo optó por este modelo hace trece años. Hizo reforma desde la base. Hoy disfruta de una escuela sin deserción, sin analfabetismo, sin violencia. En una escuela que esté en armonía con el niño y no vaya en contra de sus tendencias y su vida, en esa escuela no habrá deserción, no habrá violencia. Allí los niños aprenderán de formas naturales y tranquilas.
Una buena escuela fomenta el desarrollo de la conciencia. Este es su currículo. Un niño desarrolla su conciencia practicando: cuidando el material de su salón; sabiendo esperar, respetando el trabajo del otro, compartiendo la merienda colectiva…..haciendo el trabajo bien.
El niño se nutre viendo al adulto participar y trabajar por el bien común; observando como sus padres y maestros juntan voluntades, negocian sus diferencias, para reconstruir los lugares en donde se habita. Participando de una cultura, de una experiencia total en donde reine el respeto, la alegría, y la sana convivencia
Siempre me gusta contar una historia de nuestra escuela: uno de nuestros niños ganó una beca por ser un ciudadano modelo. Gustavo entonces tenía 7 anos de edad. Me tocó ir a anunciarle el premio y a felicitarle; le explico que ha ganado un premio. Me pregunta por qué. Le dije: “tu respetas a los demás, haces bien tu trabajo, respetas el ambiente que te rodea….”Su respuesta fue contundente: “Ana, yo no sabía que ahora daban premios por hacer uno lo que debe hacer.” Me agradeció y regresó tranquilamente a hacer su trabajo en el salón….. Yo me quedé con las manos llenas: la conciencia del deber.
La escuela tiene que ser un modelo de paz; un gimnasio de vida en donde se practique a diario la convivencia saludable y el respeto al otro. Habría que examinar los estilos que se promueven en las escuelas: el autoritarismo de personas en puestos de administración, el maltrato al empleado; la falta de dialogo entre las partes; la presencia de uniones magisteriales que muchas veces no aportan paz, ni respeto. Hay que ver la escuela como un ejercicio de la sana convivencia; todos los adultos que trabajamos en la escuela tenemos que ser familia, hermanos, unidos, tranquilos. Esto por dos razones: uno para que seamos un buen ejemplo para los niños y, dos, para que podamos tomar buenas decisiones. Solo así podemos hacer bien nuestro trabajo como decía Gustavo.
La reforma sistémica que estamos buscando debe partir de la escuela. La escuela es el que debe cambiar para servir al niño y desde allí entonces establecer como deben ser los otros niveles del Departamento de Educación; los otros niveles del sistema deben estar en función de la escuela y no a la inversa. Las personas mejor preparadas deben estar en la escuela.
Necesitamos una reforma tranquila y silente. Una reforma desde el niño. Una reforma llena de historias como la de Gustavo; llena de gente como la que rodea a Gustavo; maestras que supieron facilitar, acompañar y no atropellar la tarea principal del niño de hacerse. Las maestras de ese niño; sus padres; su comunidad sabe algo sobre reforma que todos debemos escuchar; saben algo de escuela que hay que multiplicar. La Nueva Escuela en Juan Domingo y otras 10 escuelas hermanas en otras 10 comunidades de nuestra tierra, se esfuerza, contra viento y marea,… todos los días para merecer constituirse en ser un ejemplo concreto de una comunidad que se reconstruye mirando al niño. Nuestra nación debe detenerse y mirar experiencias como estas en donde se construyen mentes y almas que pueden ayudar a transformar nuestro país en un lugar de paz.
IV. CONCLUSION:
El trabajo con los niños es un trabajo poderoso que puede lograr grandes cambios y transformaciones sociales. Hacer una escuela es algo poderoso, desde ella se puede reconstruir el pedazo de nuestra sociedad donde se encuentra.
La escuela hay que hacerla para el niño.
Puerto Rico puede ser modelo de escuela para el Caribe y otras partes del mundo; Puerto Rico es pequeño y enorme como lo es Juan Domingo. Tenemos una oportunidad única de cumplir con el sueno de Hostos; de aportar al Caribe y desde allí al mundo entero el desarrollo de un modelo educativo científicamente probada para el niño; Puerto Rico debería resistir…. Ser valiente y resistir. Debería volver a casa y mirar a sus niños; mirar a sus hijos y nietos y preguntarse hasta el punto más radical: ¿que educación le estamos dando a nuestros niños?
¿Esta educación les llevara a aceptar el Puerto Rico que tenemos? ¿Esta educación les hará ser los patriotas que requiere nuestro tiempo para cambiar radicalmente el rumbo de violencia y soledad que estamos viviendo?
Es importante que asumamos nuestra responsabilidad. Tenemos que ser valientes. Imaginarnos la escuela como debe ser y trabajar para ella. No podemos seguir permitiendo que no sea excelente. Somos un país lleno de reglas, de leyes, Pero estamos violando la ley básica, necesaria para toda democracia, de dar a todos una educación de altura.
Tenemos que comprometernos con la casa del niño.
Hace unos años atrás Puerto Rico se unió para sacar a la Marina de Vieques; era; una invasión a todos aún a los que vivimos lejos de La Isla Nena; era una llaga, un pedazo de guerra….sacamos a la marina con toda su historia y todos sus reglamentos;…ahora debemos hacer lo mismo, unirnos como nación para rescatar la escuela puertorriqueña, en donde todos los días se forman las conciencias de millones de niños puertorriqueños y del Caribe.
Tener una buena escuela es posible. Tener una buena escuela para todos es un buen punto de partida; una escuela excelente para todos adelantaría nuestra búsqueda de paz y nuestra tarea de reconstrucción de la patria.
Muchas gracias.
|